Tras unos días de resaca emocional y de atender los deberes profesionales más apremiantes —esta escapada fugaz a tierras asturianas me ha confirmado que vivo al límite—, me siento por fin para contaros lo vivido el pasado sábado 22 de noviembre en el Hotel Filarmónica, con ocasión de los VIII Premios Nacionales de Doblaje, y la recogida del premio al Trabajo más original, por Mi nombre es John Ford, de Alfonso S. Suárez, que reunió a las mejores voces del doblaje español, un elenco irrepetible y una ficción que está teniendo una excelente acogida. Este premio pone la guinda a un 2025 protagonizado en Traducine por este trabajo, sin desmerecer el resto de producciones variadas y de gran valor que os invito a escuchar y leer en nuestra web.

También es motivo de especial celebración para nosotros que, junto a los demás premios, tres de los participantes en nuestra historia, que este año cumple 75 años, fueran galardonados con otros premios: Elías Rodríguez, la voz mítica de Disney que todos llevamos en el corazón, se llevó precisamente el premio Voz en el corazón, un premio presentado por Coral Balas y Héctor Cantolla; Ramón Langa fue elegido Mejor actor de doblaje en cine; y, como colofón, rescataron el premio Atril de oro, que cayó en manos de Ricardo Solans, ante el respeto y cariño  más absoluto de los asistentes y de quien le entregó el premió, Camilo García, uno de nuestros protagonistas.

Si tuviera que resumir la gala en dos palabras, serían sentimiento y talento. Mi pánico a los escenarios no evitó que disfrutara lo que no está escrito en un lugar tan privilegiado, acompañando al verdadero alma del proyecto, Alfonso S. Suárez, recogiendo el premio que le entregó nada más y nada menos que Miguel Ángel Jenner, otra fiera del doblaje y participante en nuestra obra. Fue el primer premio que entregaron y fui [ultra]escueta, por los nervios y porque tenía claro que quien debía hablar era Alfonso, artífice del guion y encargado de la dirección partiendo de la idea de Eva Gallego. Personalmente, me hubiera gustado dar las gracias a más personas, pero con el factor sorpresa de que fuera el primer premio que se entregaba, me dejé varios agradecimientos en el tintero: a Titxu Vélez (por la grabación y diseño sonoro), a Carmen Blázquez (por la producción y organizar una agenda casi imposible durante varios meses), a Mike Sarmiento (que, por cierto, se ocupó de los vídeos de la gala, por ser una pieza crucial en nuestro proyecto con el diseño de la portada y la edición y montaje de los tráileres y el vídeo expuesto en el Festival de Cine de Gijón), a Iván Ruiz Serrano (por ponerle una banda sonora acorde con la época…) y por supuesto a la organización de los Premios Nacionales de Doblaje, por seguir cuidando de esta bonita profesión y derivados y otras piezas importantes.

Desvirtualicé a varias personas, conocí a gente encantadora, me reencontré con gente querida y admirada, me acompañó mi amiga Elisa —mi primera compañera de cuando decidí formarme en doblaje—, pude escuchar gaitas (un instrumento que me encanta y me traslada a otras tierras), fui testigo directo de un desfile de voces e imágenes «de cine» y no faltaron los necesarios toques de humor, las justas reivindicaciones a favor de la humanidad, el reconocimiento (gracias, por la parte que me toca, por incluir a la traducción y premiar a un referente en el mundo, Mario Pérez)-. En suma, un oasis de felicidad en medio de las preocupaciones del día a día.

Y os dejo una foto con el premio y un vídeo con algunos momentos de la gala.

¡Viva el doblaje!

Marta Baonza Jerez